Dios / Nirvana…la base del ser

20 02 2011

El siguiente texto que les comparto es muy interesante, es un texto un poco largo, pero es información invaluable, ojalá te des el tiempo de leerlo completo, y te ayude a despejar muchas dudas acerca de Dios y como podemos percibirlo.

En verdad deseo de corazón, que esta información te ayude, y enriquezca tu experiencia de vida.

Tomado del libro: “Volviendo a Casa: El camino común de Buda y Jesús” de Thich Nhat Hanh

EL NACIMIENTO DE LA COMPRENSIÓN

Hay un escritor francés llamado André Gide que dijo que Dios está a nuestro alcance las veinticuatro horas del día. Dios es felicidad. Dios es paz. ¿Por qué no gozamos de Él? Porque no somos libres. Porque nuestra mente no está ahí. No tenemos la capacidad de sentirlo o de disfrutar de Él o Ella. La practica de ser conscientes nos ayuda a ser libres para gozar de lo que tenemos.

Dos realidades

Hay dos niveles de relaciones. El primer nivel es la relación que existe entre nosotros y los otros seres. En el cristianismo circula la expresión <teología horizontal>, esta clase de teología nos ayuda a ver y sentir lo que tenemos a nuestro alrededor. La teología horizontal nos ayuda a establecer vínculos con lo que nos rodea, incluyendo los seres humanos, los animales, los vegetales y los minerales. Nuestra práctica diaria debe ayudarnos a estar en contacto con esos seres, animados o inanimados, porque al estar en contacto con ellos seremos capaces de estar en contacto con Dios.

Estar en contacto con Dios se simboliza por una línea vertical llamada <teología vertical>. Esas son las 2 dimensiones. Si no conseguís estar en contacto con la dimensión horizontal, no podréis estarlo con la vertical. Existe una relación entre la horizontal y la vertical. Hay un interser entre ambas. Si no podéis amar a las personas, los animales y las plantas, sin duda no podréis amar a Dios. La capacidad de amar a Dios depende de vuestra capacidad de amar al género humano y a las otras especies.

Esto es, porque aquello es

Vamos a visualizar el océano con sus innumerables olas. Imaginad que somos una ola en el océano y que estamos rodeados de muchas, muchísimas olas. Si la ola se observa a si misma, descubrirá que está ahí gracias a la presencia de las otras olas. El hecho de elevarse y descender, de crecer y disminuir, depende por entero del estado de las demás. Al observaros a vosotros mismos percibís la totalidad, lo percibís todo y comprendéis que estáis condicionados por cuanto os rodea.

En las enseñanzas del Buda aprendemos que <esto es, porque aquello es>. <Esto es de esta manera porque aquello es de aquella manera>. Es una enseñanza muy sencilla pero profunda. Como las otras olas existen, esta ola existe. Como las otras olas son de aquella manera, esta ola es de esta manera. Al percibiros a vosotros mismos, percibís el todo. Cuando sois capaces de percibiros profundamente, estáis percibiendo profundamente a los demás y a la otra dimensión, la dimensión de la realidad absoluta.

Una ola está hecha de otras olas. Podéis descubrir la relación que existe entre esa ola y las demás con el principio de causa y efecto. Pero hay además otro nivel de relación, y es la relación que existe entre la ola y el agua. La ola es consciente de que está hecha de las otras olas y, al mismo tiempo, descubre que también está hecha de agua, la base de su ser. Y entonces comprende que las demás olas también están hechas de agua.

En el budismo se emplea la palabra <fenómenos> (dharmalakshana). Vosotros, yo, los árboles, los pájaros, las ardillas, el arroyo, el aire, las estrellas, todo son fenómenos. Hay una relación entre un fenómeno y otro. Si observamos las cosas profundamente, descubriremos que una cosa contiene a todas las demás. Si observáis a fondo un árbol, os daréis cuenta de que no solo es un árbol, sino también una persona. Una nube. El sol. La Tierra. Es los animales y los minerales. La práctica de observar profundamente nos revela que una cosa está hecha de todas las demás. Una cosa contiene a todo el cosmos.

Cuando sostenemos una rebanada de pan para comerlo, si lo hacemos de manera consciente, el Espíritu Santo está allí, podemos ingerirla de manera que nos permitirá percibir el cosmos entero profundamente. Una rebanada de pan contiene el sol, no es algo difícil de ver. Sin el sol la rebanada de pan no podría existir. Contiene también una nube, ya que sin ella no podría crecer. Así que cuando coméis la rebanada de pan, estáis comiendo la nube, el sol, los minerales, el tiempo, el espacio, todo.

Una cosa contiene todas las demás. Con la energía de la plena conciencia podemos ver profundamente. Y con el Espíritu Santo, también. El ser conciente es la energía del Buda. El Espíritu Santo es la energía de Dios. Ambas energías tienen la capacidad de hacer que estemos presentes, plenamente vivos, que comprendamos y amemos profundamente. Por eso en nuestra vida cotidiana debemos vivir siendo concientes, debemos vivir con el Espíritu Santo para poder vivir cada momento de nuestra vida profundamente. Si no vivimos cada momento profundamente no podremos percibir la dimensión absoluta, la dimensión del noúmeno.

Parece como si la ola y el agua fueran dos cosas distintas, pero en realidad son sólo una. Sin agua, la ola no existiría, y si eliminamos la ola, el agua desaparecerá. Hay dos niveles y dos clases de relaciones. Cuando hablamos de causa y efecto, hemos de conocer de qué nivel estamos hablando. ¿Se trata del nivel fenoménico o del nouménico? Es muy importante no mezclarlos.

…Lo nouménico y lo fenoménico debe observarse por separado. Como es natural, hay una relación entre el agua y la ola, pero es muy distinta de la relación que existe entre las olas y las olas. Esto es muy importante. Cuando decimos que la ola está hecha de todas las otras olas, estamos relacionándonos con el mundo fenoménico. Estamos hablando de causas y efectos en cuanto a los fenómenos. Pero cuando decimos que esta ola está hecha de agua es algo muy distinto. Al separar las dos relaciones nos ahorramos una enorme cantidad de tiempo tinta y saliva.

Cuando decimos que el género humano fue creado por Dios, estamos hablando de la relación que existe entre el agua y la ola. Dios no creó al hombre del mismo modo que el carpintero crea una mesa. Todos nuestros amigos cristianos estarían de acuerdo con ello. La forma en que Dios creó el cosmos es muy distinta. No se pueden mezclar las dos dimensiones. No se puede considerar a Dios como una de las cosas que actúan en el medio fenoménico. Hay muchos teólogos que son capaces de comprenderlo. Paul Tillich dijo que <Dios es la base del ser>. La <base del ser> es un aspecto nouménico de la realidad. En el mundo fenoménico Dios no es un ser. Él o Ella es la base del ser. Para los cristianos y budistas no debería suponer ninguna dificultad estar de acuerdo sobre este punto.

Podemos hablar acerca del mundo fenoménico, pero es muy difícil hablar sobre el mundo nouménico. Es imposible usar nuestros conceptos y palabras para describir a Dios. Los adjetivos y nombres que usamos para describir las olas no podemos usarlos para describir a Dios. Podemos decir que esta ola es alta o baja, grande o pequeña, hermosa u horrible, que tiene un principio y un fin. Pero todas estas nociones no pueden aplicarse al agua. Dios no es pequeño ni grande. No tiene principio ni fin. No es más o menos bello. Las ideas que empleamos para describir al mundo fenoménico no pueden aplicarse a Dios. Así que es muy inteligente no decir nada sobre Dios. Para mí el mejor teólogo es aquel que nunca habla de Él.

No poder hablar sobre Dios no significa que no podamos alcanzarlo. Yo estoy de acuerdo con André Gide cuando dijo: <Dios está disponible las veinticuatro horas del día>. La pregunta es si sois capaces de percibirlo las veinticuatro horas del día. Quizá no lo percibáis en absoluto durante todo ese tiempo.

Percibiendo a Dios, percibiendo el nirvana

Tanto en las prácticas cristianas como budistas, si no sois capaces de percibir el mundo fenoménico con la suficiente profundidad, será muy difícil o imposible percibir el mundo nouménico, la base del ser. Pero si sabéis que el aire fresco está ahí, si podéis percibirlo profundamente y gozar de él, tendréis la oportunidad de percibir su base. Es como la ola percibiendo el agua, la práctica de percibir las cosas profundamente al nivel horizontal nos da la capacidad de percibir a Dios, de percibir el nivel nouménico o la dimensión vertical.

Sabemos que la ola es el agua y que el agua es la base de la ola. La ola sufre porque olvida este hecho fundamental. Cuando se compara con otras olas, sufre. Siente ira, envidia y miedo, porque es incapaz de percibir la base de su ser, que es el agua. Si la ola es capaz de percibir profundamente el agua, la base de su ser, trascenderá el miedo, la envidia y cualquier tipo de sufrimiento.

Al percibir esta dimensión absoluta, obtenemos el mayor alivio que existe. Debemos practicar en nuestra vida diaria para poder percibir la dimensión absoluta. Podéis percibirla mientras bebéis una taza de té o practicáis la meditación caminando. Podemos percibir el mundo nouménico percibiendo el mundo fenoménico profundamente.

En el budismo hablamos de nirvana. Se supone que no debemos hablar del nirvana porque pertenece al nivel nouménico en el que todas las nociones, conceptos y palabras son inadecuados. Lo máximo que podemos decir del nirvana es que trasciende todas las nociones y conceptos.

En el mundo fenoménico, vemos que hay nacimiento y muerte. En venir y el ir, el ser y el no-ser. Pero en el nirvana, que es la base del ser que equivale a Dios, no hay nacimiento, ni muerte, ni venir ni ir, ni ser ni no-ser. Debemos trascender todos estos conceptos.

¿Es posible percibir el nirvana? La realidad es que vosotros sois el nirvana. Está a vuestro alcance las veinticuatro horas del día. Es como la ola y el agua. No debéis buscarlo en ninguna otra parte ni en el futuro, porque vosotros sois el nirvana. Él es la base de vuestro ser.

Una manera de percibir el mundo del no-nacimiento y la no-muerte es percibir el mundo del nacimiento y la muerte. Vuestro propio cuerpo contiene el nirvana. Vuestros ojos, nariz, lengua, cuerpo y mente contienen al nirvana. Si observáis profundamente podéis percibir la base de vuestro ser. Si creéis que sólo podéis percibir a Dios abandonando todo lo de este mundo, dudo que lo consigáis. Si buscáis el nirvana rechazando todo cuanto os rodea, en concreto la forma, las sensaciones, las percepciones, las formaciones mentales y la conciencia, no podréis percibir el nirvana de ningún modo. Si elimináis las olas, no habrá agua alguna que percibir.

No es una persona, pero tampoco deja de serlo

El primer principio que hay que recordar es que no debemos mezclar el nivel fenoménico con el nivel nouménico. No debemos hablar del nirvana o de Dios en términos de fenómenos. Eso nos ahorrará tiempo y energía. Al discutir si Dios es una persona o no lo es, estáis intentando comparar la base del ser con una expresión a nivel fenoménico. Estáis cometiendo un error. ¿Por qué perder vuestro tiempo discutiendo sobre si Dios es una persona o no, o si el nirvana es personal o impersonal?

…podemos ahorrarnos mucha energía reconociendo que esto no sirve de nada, porque sabemos que si deseamos percibir profundamente la base de nuestro ser, debemos trascender todos los conceptos.

Cuando preguntamos: <¿Dios es una persona o no lo es?>, nos perdemos. En realidad, Dios no es una persona ni es una no-persona. Hay un teólogo alemán que lo expresa de una manera muy bella: <Dios no es una persona, pero tampoco deja de serlo>. Es una afirmación muy zen. ¿Por qué tenemos que encerrar a Dios en una de esas dos nociones: persona y no-persona? ¿Necesitamos realmente definir a Dios así?

En la visón budista no hay una línea que separe ambos conceptos. La persona contiene a la no-persona y la no-persona contiene a la persona. En el cristianismo se dedica mucho tiempo y energía a discutir si Dios es una persona o no lo es, pero en el budismo esto no supone un gran problema, porque sabemos que una persona esta hecha de elementos no-persona y viceversa. Al observar a una persona podemos ver en ella elementos no persona de animales y plantas. Cuando la observamos podemos ver ya al Buda. No necesitáis que el Buda se manifieste a través de vuestra percepción para aceptar que existe, porque vosotros podéis ya ver el limón en la flor del limonero.

Si deseáis penetrar a fondo la realidad, debéis abandonar las nociones. Podemos decir que una ola es alta o baja, que es más o menos bella, que está viniendo o yendo, que está naciendo o muriendo, pero no podemos usar estas nociones para hablar sobre el agua. Así que ¿por qué gastar tanto tiempo y energía discutiendo acerca de si Dios es una persona o no lo es?


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