“No somos menos que el sol y la luna, y las estrellas y la ancha tierra”

4 07 2010

Les dejo algunos fragmentos de la introducción de Philip Kapleau del libro “Las claves del Zen: Guía para la practica del Zen” de Thich Nhat Hanh.

La frase de Buda que aparece al principio tiene gran sabiduría y resulta reconfortante leerla, ¿para que pretender? ¿qué sentido hay en el sentirse mas o menos que los demás?, ante esta realidad ¿qué sentido tienen los celos la avaricia, la búsqueda del poder, la importancia personal, etc? Hay que generar mejor entendimiento y compasión hacia los demás, vivir una vida conciente y comprometida, una vida simple y con humildad.

LAS CLAVES DEL ZEN

FRAGMENTOS DE LA INTRODUCCIÓN POR PHILIP KAPLEAU:

“…contrariamente a lo que pensamos , no somos meramente un cuerpo o una mente. Sino somos ninguna se estas cosas, ¿qué somos entones? La respuesta de Buda, que surge de su experiencia de Gran Iluminación, deja destrozado al ego: << En verdad os digo que dentro de la profundidad de este cuerpo, con sus pensamientos y percepciones, reside el mundo, y el surgimiento del mundo, y el Camino que conduce a la extinción de surgimiento y cesación >>.

¿Qué puede ser mas importante o tranquilizador? Esta es la confirmación, procedente de la fuente mas elevada, de que somos mas que este cuerpo-mente insignificante, más que una mota de polvo lanzada al vasto universo por un capricho del destino; de que no somos menos que el sol y la luna, y las estrellas y la ancha tierra. ¿Por qué si ya poseemos el mundo de una manera tan simple intentamos engrandecernos por medio de las posesiones y el poder? ¿Por qué nos encontramos <<solos y temerosos en un mundo que no hemos hecho>>, a veces mezquino y compadecido de si mismo, y otras agresivo y arrogante? Es porque nuestra imagen de nosotros mismos y de nuestra relación con el mundo es falsa. Los cinco sentidos y el intelecto discriminativo nos engañan, mostrándonos un mundo dualista de yo y el otro, de cosas separadas y aisladas, de dolor y lucha, de nacimiento y extinción de matar y morir. Esta imagen es falsa porque apenas araña la superficie. Es como mirar el octavo de iceberg que emerge del mar y no ser conscientes de los siete octavos que se ocultan bajo el agua. Si pudiéramos percibir debajo del cambio constante la realidad subyacente, nos daríamos cuenta de que esencialmente no hay mas que armonía, unidad y estabilidad, y de que esa perfección no es diferente de la del mundo fenoménico de cambio incesante y transformación. Pero nuestra visión es limitada y nuestras intuiciones son débiles.

Pero eso no es todo. Sentada a horcajadas sobre los sentidos hay una figura sombría, parecida a un fantasma, con unos deseos insaciables y una gran ansia de dominar. ¿Su nombre? Ego, Ego el Mago; y los trucos mortales que esconde en su manga son el pensamiento engañoso, la avaricia y la ira. Nadie sabe de donde vino, pero si sabemos que ha estado con nosotros tanto tiempo como la mente humana. Este conspirador astuto y elusivo nos engaña, nos hace creer que si nos ponemos en sus manos podemos disfrutar de los deleites de los sentidos sin dolor.

De los numerosos trucos empleados por el Ego para tenernos a su merced, ninguno es tan eficaz como el lenguaje. Las lenguas modernas están tan estructuradas que exigen el uso repetido del pronombre personal <<yo>> para mantener la armonía y claridad. En realidad este yo no es mas que una figura del discurso, una convención conveniente, pero hablamos y actuamos como si fuera real y verdadera….”

“…La fuerte afirmación del Ego-yo en el lenguaje occidental actual, junto con el declive del uso de la voz pasiva a favor de la activa, muestra que ya no valoramos la humildad y la desaparición del yo, si es que alguna vez lo hicimos.”

“…Necesitamos recuperar nuestra humanidad básica. El orgullo tecnológico ha sustituido el amor a nuestros semejantes, como observa Nhat Hanh. Tenemos que purgarnos del orgullo y del egoísmo. Por encima de todo, debemos regenerarnos moralmente y despertar espiritualmente, y esto significa tomar conciencia de la verdadera naturaleza de las cosas y de nuestras responsabilidades hacia el mundo.

La contaminación del entorno a nivel mundial y nuestro despilfarro de los escasos recursos a través del consumismo, el derroche y la gestión inadecuada hablan elocuentemente de nuestra avaricia e irresponsabilidad…”

“…Muchos occidentales están empezando a comprenderlo e incluso algunos lideres están empezando a decir que debemos alterar radicalmente nuestro estilo de vida. ¿Entienden realmente las implicaciones espirituales que esto implica? ¿Cómo vamos a erradicar la avaricia, la ira y los hábitos equivocados de pensamientos que subyacen en nuestras acciones? ¿Cómo, en otras palabras, vamos a horizontalizar el mástil de nuestro inflado ego colectivo?

Una respuesta obvia es a través del zen. No necesariamente el budismo zen, sino el zen en el sentido amplio de una mente conciente y concentrada; de una vida disciplinada de simplicidad y naturalidad frente a lo artificial y efectista; de una vida compasiva, preocupada por nuestro bienestar y el del mundo, y no autocentrada y agresiva. Una vida, en resumen, de armonía con el orden natural de las cosas y no en conflicto con él.”


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